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martes, 30 de agosto de 2016

ELEKTRA ASESINA

Nuestro colaborador Lazarus analiza en su sección Llegando Tarde la serie limitada Elektra Asesina, tebeo realizado por Frank Miller y Bill Sienkiewicz en los ochenta donde la irreverencia y el espíritu más destructivo vertebran la obra. Panini es el editor en nuestro país.

La violencia parece una constante en las obras de Frank Miller. Entre los múltiples factores que apoyan esta teoría hay uno importantísimo, y es que el reconocido autor fue atracado varias veces en su juventud. El centro de Nueva York, que podría haber sido un lugar seguro, en los setenta casi era un nido de serpientes (aunque estemos hablando de una de las ciudades del primer mundo.) Y en este ambiente sombrío pero real, Frank Miller enmarcó varias de sus obras. Desde Daredevil hasta Sin City, pasando por Dark Knight Returns, Ronin, y demás. Y ese es el motivo de que muchas de sus obras sean, en comparación con otros autores quizá más centrados en señalar otro tipo de cosas, muchísimo más violentas y aparezcan repletas de delincuencia. Las obras de Alan Moore, por ejemplo, con violencia o sin ella, son mucho más sosegadas, más reflexivas. Los personajes de este último sopesarían de una forma más humana la situación en la que se encuentran. En cambio, bajo la pluma de Miller sabemos cómo van a reaccionar: dejadles un arma. El resto parecerá fácil.

Elektra nació en las páginas de Daredevil de la mano de Frank Miller. Pero en aquella época las cosas eran muchísimo más agradables. O al menos así lo parecían. La Elektra que todos conocemos había nacido demasiado acomodada. Su pasado no encajaba con el personaje. Y había algo que no sabíamos relacionado con un grupo de ninjas llamados La Mano. Pero claro, Elektra terminó muriendo, y a pesar de que era recordada, de que sus enemigos aún seguían en pie y luchaban contra Daredevil, Elektra era un añadido más de la historia.

Año 1986. Posiblemente la fecha clave en la revolución de los guionistas del cómic americano. Frank Miller y Bill Sienkiewicz se ponen manos a la obra. Ahora Elektra tenía un pasado, una vida y multitud de posibilidades narrativas. Porque los años 80 habían abierto las puertas de la violencia y de la acción gratuita. Y de hecho la obra tiene ambos elementos a raudales. Esta es una obra que nos habla de tres temas fundamentalmente: la política, el mundo del manga, y el cine cyberpunk. El espíritu de los ochenta.

La política impregna estas páginas. Pero ojo, se ofrece una visión nada cerrada y (al menos en esta obra) las inclinaciones políticas de Miller no delatan un posicionamiento claro. Las dos figuras que aparecen haciendo campaña son sin duda parodias de Reagan y Mondale. Y repiten actitudes que mostraron en sus campañas pero llevadas hasta lo satírico. Se nos habla también del conflicto nuclear, del famoso botón rojo, de que si uno tiene el valor de presionarlo, que si el otro también lo hará o dejará de hacerlo mientras el otro no… el que me diga que esto no es política, que por favor vaya graduándose las gafas o que se consiga unas nuevas.

El mundo del manga queda reflejado en las formas y en los principales enemigos. Y es que aquí los ninjas pueden aparecer por cualquier parte acechando en las sombras para asestar el golpe mortal. Elektra es una ninja. Es la contrapartida al mundo tecnológico que trata de enfrentarla. Es esotérica, humana, consciente de su condición y de la de los demás, no utiliza la tecnología más que de forma ocasional (excepto por todo lo que utiliza a Garret), e incluso es capaz de desafiarla abiertamente. Y eso por no mencionar los planos elegidos en los dibujos, muchos de ellos parecen sacados directamente de los manga. Hay escenas en las que directamente Elektra sonríe antes de asestar el golpe mortal. Y en cuanto a las técnicas empleadas por La Mano, el diseño de La Bestia, los mitos que utiliza la propia Elektra para mostrar su pasado, son más propios de Japón que de Estados Unidos.

En cuanto al entorno cyberpunk no tenemos más que fijarnos en Optecex, la empresa que posee los diseños de Garret y de Perry, que son eminentemente Cyborgs. Y aquí es donde aparecen los elementos más ochenteros. Muchas de los viñetas de la obra son grabaciones, y en ellas tan solo aparecen imágenes junto a los textos. Televisión. Tecnología. Cyborgs. Armas descomunales. Todos ellos son elementos propios de la época, pero hay algo más. La actitud. Incluso en Elektra, esa actitud cyberpunk que puede encontrarse en plan Live Fast, Die Hard. Ella parece ir por delante del resto. Se mueve rápido, actúa violentamente.

El guión es pura acción y drama ochentero, pero no sería ni la mitad de lo maravilloso que es si no fuese por el trabajo de Sienkiewicz. Mezclando acuarelas con “collage” y con mimeografía, hace lo que quiere con las diversas técnicas de dibujo consiguiendo un resultado espectacular. En mi opinión el primer capítulo donde se relata la infancia y adolescencia de Elektra destaca un montón por los continuos cambia en el estilo de dibujo, dependiendo de cómo afecte el mismo a los recuerdos de la protagonista.

Y capítulo aparte merece el lenguaje. Aquí no se escatima en insultos cuando la ocasión lo requiere. Porque se diga lo que se diga no se puede considerar que una obra sea adulta si no tiene un lenguaje adulto. Y aquí se hace uso del mismo.

Esta obra apareció en el mercado antes que The Dark Knight Returns. Su carácter político pero no por ello inclinado hacia absolutamente ninguna vertiente, sin duda consigue que pertenezca al panteón de clásicos que todo el mundo debería leer si le gusta la acción sin cortapisas. Este es un material estupendo que proviene de una época en la que la actitud irreverente era lo más normal del mundo. 

miércoles, 17 de agosto de 2016

BORN AGAIN

Nuestro colaborador Lazarus analiza en su sección Llegando Tarde el insigne Born Again, el cómic por el que Frank Miller y David Mazzucchelli son y serán reconocidos "forever" como dos de los arquitectos de una nueva forma de entender el cómic, una que en los ochenta se tildó incluso de impulso revolucionario. Panini es el editor de esta magna obra en nuestro país.


Y al tercer día resucitó. Si, al tercer día de morir. Nos suena esta historia, ¿cierto? Nos suena y nos lleva a recordar tradiciones como la Semana Santa. El bueno murió y resucitó. Bueno, de eso vamos a hablar hoy.

El mito original fue tratado por varias personas que dieron testimonio de cómo un hombre de naturaleza divina, un salvador, fue traicionado por uno de sus más queridos discípulos después de hacer enfadar a mucha gente poderosa. Ese traidor era un tal Judas Iscariote. El traicionado fue arrastrado por todo un ciclo de torturas y penurias hasta que llegó el momento de su crucifixión y muerte. Y al pasar varios días resucitó ante el asombro de todos. Cabe decir que los poderes que lo condenaron no dieron respuesta de este hecho, y no les dio tiempo porque el interfecto acabó subiendo a los cielos.

Pero la historia paralela, Born Again, presume además de muchos otros elementos y entresijos. Esta historia no empieza en un pesebre, sino en un barrio de Nueva York llamado Hell’s Kitchen. Seguramente el barrio más podrido de la ciudad, lleno de marginalidad y delincuencia barata. El joven Matt Murdock observa como un anciano va a ser atropellado por un camión, y en un heroico acto salva a este hombre, pero algo impregna su cara en el proceso y le deja ciego, despertando como consecuencia una mayor sensibilidad sensorial así como un sentido del radar. Queda ciego, pero superdesarrolla los otros sentidos, logrando una baza a veces mucho mejor que su visión. Las circunstancias que rodeaban a los que idearon las historias de este personaje tampoco fueron fáciles.

Frank Miller empezaría a trabajar con el Diablo en 1979, año en el que realiza un crossover con el personaje en la serie de Spiderman. Daredevil se encontraba próximo a su cancelación. Su estilo, sus formas, las aventuras que lo conformaban, no gustaban al respetable. Esto se hizo más notorio cuando pasó de ser una serie semanal a una mensual, que en aquella época significaba que estaba a punto de desaparecer del mercado. Y, de nuevo, llegó Miller y las cosas cambiaron en cuanto se le dejó empezar a trabajar en el proyecto. Al principio tan solo era el dibujante, pero luego se convirtió también en su guionista. Pasó de ser una serie protagonizada por un super-héroe como podía serlo la del Capitán América o Spiderman a recibir influencias de la novela negra y del manga. El personaje volvió al ruedo, fuerte y acompañado de grandiosos personajes nuevos como Elektra, o redefiniendo otros personajes que ya estaban allí como El Gladiador. Incluso aparecieron nuevos y poderosos enemigos como La Mano (una de las mayores influencias del cómic japonés que aparecen en Daredevil). Bullseye volvió a estar en primera plana como enemigo de Daredevil, y Kingpin dejó de ser uno de los enemigos exclusivos de Spiderman. En este enemigo centraremos más adelante nuestra atención.

Después de tan tremenda etapa, Miller dejó de trabajar con Daredevil durante una buena temporada, pero cuando volvió a hacerlo, cuando creíamos que ya no podría hacerlo mejor, nos dio otra bofetada en la cara, y acompañado por Mazzucchelli creó otra miniserie. El guión era una revisión del clásico bíblico descrito más arriba. Judas traicionaba al protagonista y este sufría hasta el momento de su muerte. Pero aquí no había Judas. En esta ocasión el traidor se llamaba Karen Page y era secretaria y más tarde amante de Matt Murdock hasta que decidió pasarse al cine. Y ahí fue cuando las cosas se torcieron. Porque ahora Kingpin había sido rediseñado. Ahora se parecía más bien a un Poncio Pilatos malvado con todas las cuerdas de sus títeres cogidas entre sus dedos, y lo que le vendió Karen fue la identidad secreta de Daredevil para poder sustentar su vicio.

Así empieza Born Again, mostrando como paso a paso Matt Murdock intenta librarse del calvario que supone ver como todo se está desmoronando a su alrededor, sin ser capaz de encontrar explicación. Y cuando lo consigue ya es demasiado tarde, ha caído en la trampa.

Los elementos del Nuevo Testamento se encuentran muy presentes en estas páginas. En ellas aparece de todo: desde imágenes en las que el protagonista recuerda a un crucificado, hasta una imagen que rememora la Piedad o incluso el lanzazo de Longinus (bueno, de Turk, pero creo que da bien el pego). E incluso aparecen los apóstoles. De hecho, cada uno es más particular que el anterior, porque no olvidemos que aunque esta historia se parezca a la pasión de Cristo, estamos hablando de Daredevil… y también estamos hablando de Frank Miller. Los Cristos de Miller no son tan facilones como los que aparecen en la Biblia. La obra de Miller en general está marcada por la marginalidad y por la delincuencia. Y también por la violencia. Así pues, sus emisarios, sus apóstoles, también van a sufrir un renacimiento. Melvin Potter, Karen Page, Foggy Nelson, Ben Urich. El caso de Urich es incluso más relevante, porque niega varias veces a Murdock antes de ser capaz de reaccionar. Y por supuesto, también podemos encontrarnos a los romanos. Los romanos de esta miniserie son los criminales comandados por Kingpin, que en un arranque de odio sin precedentes, quizá más bien dominado por el miedo, envía una amenaza lo suficientemente poderosa como para que en el relato aparezcan los mismísimos Vengadores.

El trabajo en el guión es brillante: diría que nos encontramos con uno de los mejores Millers de toda su carrera. Todo, desde la disposición de planos hasta las escenas de acción, pasando por las expresiones, nos remiten al drama de la pasión. Al igual que ocurre en el manga, el autor señala los rasgos ensombrecidos en el rostro de aquellos que están al límite de sus fuerzas (el tratamiento de los ojos en las obras de Miller siempre es sensacional). Es una obra también muy marcada por los años ochenta, con momentos de violencia durante la acción, sin censurar el hecho de que los villanos maten sin piedad o necesidad de algún motivo. Al fin y al cabo son villanos, ¿no es cierto? No hermanitas de la caridad. Miller también se las arregla para demostrar que los buenos tienen luces y sombras.

El dibujo de Mazzucchelli es digno de mención. Es muy serio. En el cómic de la época se estaba abandonando la ambientación de colores llamativos y los dibujos narraban la escena de forma rompedora, por lo que los dibujantes empezaron a sustituir sus fondos por escenarios más creíbles. En esta obra casi todos tienen una apariencia desabrida. La mayoría parecen reales. Y el coloreado también resulta decisivo, ya que la paleta de colores, cercana a lo apagado, a los colores oscuros, las sombras marcadas y los marrones, consigue que el propio entorno dé mayor expresividad a la obra. En un mundo en el que lo que más importaba demasiadas veces era lo simbólico de los dibujos, nos encontramos ante una revolución del color y la expresividad. La apariencia de la obra no es excesivamente oscura ni tampoco sufre de la suficiente clarifidad. Ni más ni menos es como tiene que ser.

Antes de concretar Born Again, ambos autores colaboraron en el número 226 de Daredevil titulado Guerreros, que también aparece en la edición Deluxe de la obra reeditada por Panini Comics. El número es relevante y deja ver cómo se encuentra Matt Murdock emocionalmente antes de los hechos narrados en Born Again. También nos informa acerca de la reciente situación que atraviesa Melvin Potter, el Gladiador. Y nos muestra lo cerca del final que está la relación del protagonista con Glorianna.

En resumen, nos encontramos con una de las obras más increíbles del cómic americano de super-héroes. Un guión excelentemente trabajado, con personajes bien definidos y un dibujo y coloreado que funcionan como ejemplo de lo que debería ser habitual en el mundo del cómic en general.

Porque un guionista sin complejos es un guionista sin miedo. 

miércoles, 20 de julio de 2016

ASILO ARKHAM: UN LUGAR SENSATO EN UNA TIERRA SENSATA

Nuestro nuevo colaborador, Lazarus, analiza en su sección Llegando Tarde una de las obras más prominentes de los ochenta. ECC acaba de anunciar su reedición para principios de agosto.

Corría el año 1989. Dos años antes acababan de aparecer las dos obras que definirían lo novedoso en el cómic americano. Por un lado, Frank Miller había publicado El Retorno del Caballero Oscuro, convirtiendo al Caballero de la Noche en todo un símbolo, en alguien serio, con una narrativa mucho más precisa, oscura y violenta. Por otro, Alan Moore junto a Dave Gibbons habían acometido Watchmen, dejando claro que las historias de superhéroes podían ser serias sin elementos como el terror y la violencia, redefiniendo el género ya no solo desde la perspectiva de un gran icono, sino desde cero, con una historia original y dolorosa a partes iguales en la que seres caídos en desgracia simbolizaban a los superhéroes que ya conocíamos. Y entonces, en ese mismo año de 1989, aparecía la adaptación de Batman de Tim Burton. Si los cómics se habían atrevido a tratar en serio al personaje, ahora también lo hacía la gran pantalla. El personaje ya no era un bobo en mallas que luchaba contra personajes estúpidos. Ahora la gente lo tomaba en serio.

Fue esta seriedad la que hizo que en ese año, en 1989, Grant Morrison y Dave Mckean encontraran su oportunidad, quizá ni siquiera buscada, para crear una de las obras más oscuras y visualmente atractivas del mundo del cómic. Todo en él era distinto. Desde su formato, pues salió en tapa dura desde el principio, hasta la perspectiva abordada. Esta obra no oculta sus intenciones en ningún momento. Es un thriller psicológico, ambicioso, y con un apartado visual que no glorifica nada salvo la oscuridad.

Podemos decir que sin duda el dibujo triunfa sobre el guión, ya que es éste el que llama la atención de forma aplastante y no al revés como venía sucediendo por regla general. Antes de este cómic el dibujo parecía estar siempre subordinado a los guiones. El guión marcaba la diferencia, ya que el dibujo era más bien la representación del mismo. Miller intentó darle una relevancia similar a guión y dibujo, introduciendo páginas a todo color en las que aparecía el héroe como eje central de la viñeta. Aquí literalmente Mckean crea una anarquía de paneles, planos, colores y estilos que resulta muy difícil de igualar. En esta obra encontraremos "collage", expresionismo, surrealismo… a partes casi iguales. Además, estos elementos se utilizarán dependiendo de la situación, de las emociones de los personajes, etcétera. También cabe destacar que el dibujo de cada viñeta nos muestra reflejos del alma de los personajes. Para mi gusto, los ejemplos más relevantes están reflejados en los dos personajes protagonistas: Amadeus Arkham y Batman. La imagen de Amadeus se va deteriorando a medida que nos vamos adentrando progresivamente en su pesadilla, en su subconsciente. Y en cambio Batman no está representado como un héroe, sino como un monstruo. La mayor parte del tiempo no podemos distinguirle los ojos, expresiones o rasgos humanos. Según el dibujo de Dave Mckean, Batman perfectamente podría no ser humano. Esto hace que Batman se parezca mucho más a los villanos de esta obra, quienes tampoco terminan de parecer humanos. Son más bien reflejos de su alma, sus rincones más oscuros. No hay un solo rasgo cómico en el dibujo, cosa que antes podía o no parecernos en determinados personajes. Aquí no te vas a reír del Sombrerero Loco, ni de Clayface, ni siquiera (de este último segurísimo que no) de Killer Croc.

Sin embargo, y aunque el dibujo destaca sobre el guión, no podemos desprestigiar este último, porque sin las ideas de Grant Morrison no hubiera sido posible que Dave Mckean hubiese concebido los horrores que se nos muestran. Morrison simplemente dejó que aquello que él mostraba en el guión fuese retratado a su gusto por Mckean, lo cual no es un menosprecio ni mucho menos, porque gran parte del horror que se nos presenta se debe al guión. La historia de Amadeus Arkham está contada con gran acierto, mostrándolo desde el comienzo como una persona envuelta en el misterio, en el ocultismo, y en los problemas de la mente humana. Morrison hace que se encuentre con personajes tanto ficticios como reales sin que nos parezca extraño. Todos los diálogos dan a entender que no hay ningún personaje del que se pueda afirmar que está cuerdo salvo quizá el comisario Gordon. Una vez dentro del manicomio, las frases de los personajes nos indican que algo marcha mal dentro de ellos. Y para conseguirlo, Morrison se pasó largos periodos sin dormir, encerrándose en sus miedos más profundos y en esa sensación que te transmite la falta de sueño, rozando casi lo chamánico para adentrarse en el subconsciente más enterrado.

En cuanto a los elementos ocultistas podemos ver que ambos autores se compenetran perfectamente para representarlos. La mezcla de elementos de Jung, de Crowley o incluso de los hermanos Quay, es algo que no se podía haber realizado si alguno de los dos hubiese faltado en la mezcla. Le edición de ECC perteneciente a la colección Grandes Autores de Batman dispone además de un guión a continuación de la propia novela gráfica en el cual se nos enseña que había elementos que iban a ser aún más sorprendentes en la historia, pero que fueron cambiados por conveniencia. Quizá se eliminaran para que la historia tuviese mayor gravedad.

Quisiera señalar algo negativo de la obra, pero justamente aquello que puede ser considerado negativo forma parte esencial de la misma. Es una obra oscura, tanto visualmente como a nivel de guión, y muchas de las escenas están representadas en una oscuridad casi total. De hecho, tampoco se puede decir que sea una obra en la que Batman consiga una victoria. Si no te gustan estas dos cosas desde luego esta no es tu obra. Pero si eres amante de Stephen King, de Poe, si te gusta la oscuridad y estas esperando algo distinto a lo ya visto, esta obra está hecha para ti. No es una historia de Batman a la vieja usanza. Es un thriller psicológico oscuro y absorbente. Incluso en algunos momentos, con la ambientación adecuada, puede llegar a perturbar.


Hay obras que coquetean con la oscuridad. Esta obra, en cambio, es la misma oscuridad. Creada en la noche para ser una sombra aterradora de ojos rojos y semblante serio.